Vigencia de los paisajes
Aún cuando en la historia de la pintura cubana en el tema del paisaje no abundan los trazos y representaciones femeninas, la artista de la plástica Ania Toledo (Cabaiguán, 1957), ratifica que la naturaleza tiene alma de mujer. Vigencia del paisaje, su más reciente exposición, propone ocho lienzos que representan los sentimientos sumergidos de la autora.
Expuesta en la galería del Palacio de Lombillo, en La Habana Vieja, hasta el 31 de diciembre del presente año, la muestra invita a entrar a un universo naturalista en ocasiones brumoso, a veces denso, cargado de múltiples significantes. Ania intenta desentrañar la esencia poética del paisaje en su condición plástica y placentera. Siente la empatía inmersa en él. Describe los elementos expresivos del entorno campestre, que le es familiar, con gran emotividad poética. Pudiéramos decir que Vigencia… late entre el romanticismo del matancero Esteban Chartrand y la tristeza pictórica de Tomás Sánchez.
Los elementos que protagonizan el paisaje de la expo son el propio paisaje, regodeado en una pintura realista. La serie ofrece una ilusión óptica donde la naturaleza es protagonista, aunque en ocasiones comparte roles con el rostro femenino.
En los cuadros Leticia y Reencuentro, el tratamiento de la figura de la mujer guiña al espectador para alertar sobre su presencia. Esta composición, que presenta la imagen de una joven en espera paciente, tiene una incuestionable influencia renacentista, edulcorada con la exuberancia del paisaje tropical.
La presencia del retrato femenino en las obras traduce el objetivo de la autora de representar a la mujer interesada también por la naturaleza y por la paisajística cubana. La fusión de ambos (el paisaje y la figura femenina) en los cuadros conduce a un mundo idílico propicio a la serenidad y la paz.
Podemos percatarnos cómo en la serie algunos elementos de la naturaleza, muy puntuales, son utilizados por la autora para dar cierta coherencia visual a la obra. El agua es uno de ellos. En la pieza titulada El ángel, la cascada es determinante por ser el vértice de la perspectiva lineal utilizada por la autora para intentar reproducir fielmente la realidad: su realidad.
Ania se auxilia también del cielo y la tierra para lograr una construcción espacial infinita, constante y homogénea. Concibe la serie Vigencia… a partir de unidades independientes que muestran las piezas de una manera lineal, plana y cerrada.
Aunque sus bosques se distinguen por la presencia de la niebla, en esta oportunidad la luz penetra con otros colores de la paleta. Los celestes y grises que describen las nubes y celajes en obras anteriores, son ahora desplazados por los azules y verdes tornasolados del ambiente que se respira en sus cuadros. La autora mantiene la esencia de las aguas sosegadas y del follaje espeso que se precipita en ocasiones en saltos, sin llegar a la estridencia cromática. La claridad es armonía en el manejo de una tonalidad umbrosa que refleja la meditación en cada obra.
Ania Toledo da muestras en sus lienzos de una técnica casi tan depurada como lustros tiene la presencia del tema del paisaje en la pintura cubana (cobró fuerzas a partir de la segunda mitad del siglo XIX). Aunque algunos pudieran opinar que en sus trazos y colores se asoma con prudencia a las puertas del llamado arte comercial, lo cierto es que la autora de Vigencia del paisaje legitima el carácter genérico y espiritual de la plástica cubana contemporánea.