Cindy´s virgencito de bronce

Una historia sin fronteras raciales. Sin prejuicios baratos. ¿Quiénes son los protagonistas? No importa. Lo cierto es que existen en algún lugar de este pedacito de tierra.

No le importaba el color. Estaba decidida a enfrentar a su familia y a su Macondo natal. Quería ser la mujer más feliz del mundo aún cuando las ¿diferencias de color?, los problemas económicos y el fatalismo geográfico ganaran terreno por “derecho propio”. Decía que amaba. Que ni Brecht, ni Estorino, ni Corina Mestre habían interpretado a la mismísima Afrodita en una descarga de jazz

Lo había conocido por aquellos días en que la soledad colmaba su estado anímico. “Era alto, loco. Era de color bronceado. Era… negro y apasionado. Tocaba como si quisiera unir el ocaso con el alba y permanecer eternamente en la mirada que se fugaba de mis pupilas”. Y no recitaba al contar. Sus ojos azules brillaban más que nunca.

Casi un año después Cindy cocina en su casa. Luego prepara un picnic. Hace el amor en un tabloncillo. Duerme acurrucada en un parque estrellado. Comparte con sus amigos mientras espera “por la acogida de mi madre, algún día”.

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