Para volver a filosofar

Aún no había llegado al país de acceso de los cubanos a Facebook y ya buscaba su nombre en la red. Hacía dos años que no sabía de ella. Durante todo este tiempo vivió en una loma, aislada del mundo real. Rodeada de cuatro o cinco edificios, algunas vaquerías y un mirador que permite ver la costa del litoral norte habanero.

No se si era feliz. Quizás alimentaba su felicidad con los amaneceres o los atardeceres, como acostumbraba a hacer en otras épocas. Tal vez en el Valle encontraba soledad/tranquilidad; alegrías/tristezas; cielos despejados/nebulosas humanas; amor/costumbre… Quizás sus necesidades espirituales cambiaron. Ya no son las mismas de hace seis años.

Hace algunos minutos supe de ella. Me invitaron a su fiesta de despedida. Acudirán los amigos de la infancia, los actuales, familiares, entre otros colados. Yo no podré ir.

Aún falta una semana para que llegue al país de acceso de los cubanos a Facebook y ansioso pongo su nombre en el buscador de mi página. Ojalá algún día tenga acceso a su muro o chat. Mientras, me conformaré con recordar aquella noche de apagón en el pasillo central del PRE donde la conocí por primera vez.

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3 comentarios en “Para volver a filosofar

  1. Tal vez tu amiga nunca llegue a ser tan feliz en facebook como en “aquella noche de apagón en el pasillo central del PRE”. Quizás sí, claro. Depende de la idea que uno tenga de la felicidad. Yo recuerdo que los terribles apagones de los 90 en La Habana me hicieron aprender a mirar las estrellas. Fíjate que en las grandes urbes, casi nadie tiene tiempo ni ganas de mirar al cielo.

  2. Noches de apagón. A esta frase yo la llamaría un hipertexto funcional en la mente de los “pocos” que podemos seguirte -pocos por razones obvias- en esta Isla de luces naturales.
    Me gustaría agregarle a tu experiencia la parte en que mis cohetaneos de pinar querido y yo ibamos, casi por instinto detrás del shut down, para el anfiteatro del IPVC.
    Ese era nuestro pequeño país de las maravillas, donde el tiempo se detenía, casi en gesto de complicidad, para darnos un respiro de tanto estudio, para administrarnos esa cuota de espontaneidad y de locura-cuerda que tanto necesita un joven para ser feliz, para SER, y, aunque en ese momento no éramos conscientes de ello, para crear recuerdos y evocar nostalgias, más allá…
    Allí solíamos tomar por amiga la oscuridad para contar historias o pescar estrellas, para hacer chistes, para soñar un poco en aquellas mágicas fugas del aula a las 7 de la noche.
    Para llorar incluso algún amor, para entregarse a la primicia del beso en los labios o para soñar con ella, y hasta para lamentarla.
    Me he detenido a recordar, a reencarnar la que era aunque me cueste ya algún trabajo, a escamotearle a al pasado esos momentos que todavía- espero que siempre- me pertenecen.
    gracias yeselillo, por la alusión
    un beso
    lilita

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