Espectáculos infantiles: ¿cerrados por capacidad?

Muchos fueron los niños que se quedaron con las ganas de cantar junto a Don Lagartijo el pasado domingo 18 de julio, Día de los Niños, en el Teatro Karl Marx. Tampoco pudieron bailar en la puntica de los pies, tal como les ha enseñado la cantautora Lidis Lamorú. Ganas no me faltaron de ceder mi puesto como periodista acreditado al espectáculo Voy a quererte más. Más de una familia angustiada conservaba la esperanza de entrar, incluso, cuando los trabajadores de la institución informaban que la sala estaba llena hasta el tope.

El dolor por los que quedaron fuera hizo que me cuestionara ciertas realidades: ¿Por qué tanta demanda? ¿Sería esta la única opción para los más pequeños en su día?

Por supuesto que no. Pero habría que repensar, una vez más, el concepto de recreación que tenemos los cubanos, para luego comprender la disyuntiva entre las ofertas que se multiplican durante los meses vacacionales por todo el país y las demandas insatisfechas de padres e hijos.

Leer, pasear, practicar deportes, ver televisión son opciones válidas de un espectro tan amplio como el espíritu mismo de quien busca emplear su ocio de manera útil. Y legítimo derecho asiste también a quien anhela disfrutar en familia de propuestas culturales pensadas especialmente para los más pequeños, en salas y teatros.

Jorge Ramos, jefe de actividades de la Organización de Pioneros José Martí (OPJM), y uno de los productores de la gala, considera que “como público debemos exigir que se multipliquen los espacios concebidos para los niños en la programación de los teatros. Esa debería ser una prioridad de las comisiones de recreación que funcionan en todo el país.

“El Día de los Niños, por ejemplo, el único espectáculo previsto fue Voy a quererte más. Para otros centros culturales de la ciudad, esta fecha pasó como un domingo habitual. Eso explica quizás el exceso de público que no pudo entrar al Karl Marx”.

Lidiar con las dificultades técnicas por las que atraviesan algunas instituciones y potenciar la capacidad creadora de los artistas y compañías que habitualmente trabajan para los infantes, parece ser la respuesta más atinada. Faltaría entonces la voluntad de quienes deben hacer viables los anhelos de las familias que dicen a sus hijos “hoy iremos al teatro”, y luego quedan fuera por capacidad.

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