Cine germano sobre el diván

Nadie sabe a ciencia cierta qué ocurrió aquel verano de 1910 entre Gustav Mahler y Sigmund Freud. Lo único que se conoce es que el encuentro entre el aclamado director de orquesta austriaco y el célebre sicoanalista duró cuatro días, entre las caminatas por las calles de la ciudad holandesa de Leyden y las confesiones sobre el diván.

Cierto misterio hay también alrededor de la fallecida poetisa alemana Oda von Siering –conocida como Oda Schaefe–. Según algunos conocedores de su virtuosismo, en sus testimonios líricos se evidencia una depresiva y desoladora atmósfera. El diario que escribió cuando en 1914 se mudó a Poll, una aldea de Estonia a orillas del mar Báltico, contiene en sus páginas la esencia de sus textos.

 Ambas historias son reales y trascendieron en el tiempo. El interés de la cinematografía germana por relatar hechos verdaderos las rescató. La primera se reconstruyó en la película Mahler sobre el diván (Mahler auf der couch), dirigida por Percy y Felix O. Adlon, sobre la base de la ficción y el coqueteo con los métodos del documental. La segunda historia es narrada en una cinta desgarradora titulada Los diarios de Poll (Poll), dirigida por el sobrino nieto de Oda, Chris Graus. Ambos filmes se han proyectado por estos días en Cuba como parte de la programación de la Semana de Cine Alemán.

El argumento de Mahler sobre el diván parte de las angustias de Mahler (Johannes Silberschneider) provocadas, en principio, por la infidelidad de su esposa Alma (Barbara Romaner) con el joven arquitecto Walter Gropius (Friedrich Mücke). Sentado junto al diván, Freud (Karl Markovics) intenta desentrañar las verdaderas causas de la crisis matrimonial: el exacerbado egoísmo del compositor, el servilismo y la represión creativa de su cónyuge.

La estructura de la cinta está balanceada entre las escenas de Mahler con Freud, flashbacks y personajes que testimonian ante cámara la verdadera historia. El guión está escrito a partir de los datos biográficos del reconocido compositor como principal fuente de información.

Durante los primeros minutos pareciera que el largometraje ha olvidado la esencia de la historia a contar. Tal vez se regodea un poco en escenas innecesarias, lo que provoca que el relato en ocasiones parezca inconsistente. El tratamiento del personaje de Freud –quien aparece caricaturizado por una mirada incisiva a sus tácticas sicoanalistas– pudiera ser otra de las causas que hacen que la cinta pierda en narrativa, aunque más adelante logra revindicarse.

Algunos diálogos y secuencias de imágenes, la efectiva reconstrucción de la época, la interpretación idónea de la música de Mahler por el director finlandés Esa-Pekka Salonen, y el aceptable desenvolvimiento de la mayoría de los protagónicos, permiten que el filme construya el ‘legendario’ encuentro entre Mahler y Freud.

Los diarios de Poll, por su parte, resulta un filme doloroso. La historia de Oda (Paula Beer), quien llega con los restos de su madre a Poll, donde vive su padre –el doctor Ebbo (Edgar Selge), “un hombre que vive de la muerte”– constituye un asidero para el desgarramiento desde la misma noción de su visualidad.

Las memorias de la niña de 14 años, plasmadas en su diario, constituyen el argumento de la película. La trama se desenvuelve entre la concepción que tiene el padre de Oda sobre la vida, y las disecciones de los cadáveres de los anarquistas que murieron durante las reyertas a las puertas de la I Guerra Mundial; tras la llegada de Schnaps (Tambet Tuisk), un revolucionario a quien Oda intenta ayudar.

El filme es una verdadera demostración de estilo. Su director se luce en algunos planos secuencia, hace que la Fotografía sorprenda por el empleo de la iluminación pictórica, concibe una estructura que incluye la reconstrucción de escenas paralelas, combina filtros azules y marrones, hace referencia a las películas del cine mudo de los primeros años del siglo XX…

Así, mientras Los diarios de Poll nos revela la triste historia de vida de la poetiza alemana; Mahler sobre el diván ficciona el encuentro entre el compositor austriaco y el sicoanalista en un bello escenario epocal. Dos cintas basadas en hechos reales narran parte del pasado de Alemania con especial belleza.

 

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