Escribir

Ya la gente no escribe. Yo no se si es por el tiempo que venden en Internet o por los Likes que no acaban. Algunos han estado en búsqueda de una agenda, de contextos y antecedentes. Otros han perdido el eslabón más importante del proceso: el público. Pero lo cierto es que no han vuelto ni a garabatear una palabra.

En la actualidad pocos escriben por placer y dinero. La mayoría lo hace por necesidad de expresión. Aunque les faltan las palabras, que están pero se agolpan unas con otras, se retuercen y cicatrizan mientras zozobran mutiladas ante la ausencia de un fiel receptor. Y para colmo, cuando el silencio prolongado de dos años y el tiempo las acumulan, la sintaxis no tiene de otra que estrangularlas, reducirlas a un solo vocablo.

Miedo. También se siente cierto temor entre algunos. Yo no se qué es el miedo, pero sí desprende un aroma parecido al de la cebolla seca. Pocas veces una cebolla alcanza el éxtasis de la sequedad. Si lo logra, es porque sobrevivió al ciclo de la podredumbre, así como los que ya no escriben naufragan de un lado a otro entre la podredumbre de las palabras.

Hoy la gente no escribe. Y no es por vagancia o ausencia de temas, sino por vacío: un hueco, un silencio ensordecedor que asfixia cualquier vestigio de creación.

 

 

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